$\S$ No hace falta ser un santo para obrar con compasión. Todos tenemos la capacidad de ser buenos; todos somos la luz del mundo.

$\S$ No eres mejor ni peor que nadie. Incluso un niño está a tu altura.

$\S$ Sólo importa el corazón, pues dicta la luz u oscuridad de nuestros actos. Lo demás es engaño o vanidad.

$\S$ No juzgues a nadie. Incluso si ves el mal, recuérdate a ti mismo que sólo el amor vence al odio.

$\S$ Nunca resistas un mal con violencia ni con otro mal.

$\S$ Cuando estés arando, no vuelvas la vista atrás. El amor es un bien en sí mismo.

$\S$ Ninguna forma de comunicación, siempre que no sea insincera, es menos significativa que otra.

$\S$ Si lo perdonás todo, si no resistís al mal con mal, si hacés el bien a quienes te hacen daño, no faltarán nunca quienes te ridiculicen o te condenen al ostracismo. Recuérdate, sin embargo, que el sólo ejercicio de una ética basada en estos principios ilumina al mundo, y que el mundo, lo quiera o no, sentirá su influencia secreta.

$\S$ El valor espiritual se mide por la velocidad hacia la perfección, no por la posición actual. Un criminal que mejora vale más que un hombre virtuoso que no crece.